A veces leemos la Biblia y estamos tan familiarizadas con lo que estamos leyendo, que pasamos por alto los detalles o las implicaciones de lo que dice. Por ejemplo, lee detenidamente este pasaje, como si fuera la primera vez:
“Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó”, Génesis 1:27 (NTV).
¿Conocido, verdad? Sin embargo, regresa y fíjate en la frase que puse en cursivas. Tú y yo hemos sido creadas a imagen de Dios. Esa frase implica muchas cosas, pero hoy quiero concentrarme en una. Si yo fui hecha a imagen de Dios, tengo que admitir que él hizo algo bueno conmigo, porque si sigues leyendo, al final de ese capítulo dice:
“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!”
Tú y yo somos hechas a imagen de Dios y él considera que todo lo creado por su mano es bueno. Ese es el primer paso que tenemos que dar para entender todo lo que implica ser hechos a imagen de Dios. Cuando Dios creó al ser humano le concedió algo que ninguna otra cosa creada tiene y eso es su sello personal, puso en nosotros su imagen.
¿Adónde quiero llegar con esto? Cuando nos examinamos por dentro, muchas veces nos miramos al espejo, ya sea al espejo físico o al del alma, y solo vemos los defectos que a nuestros ojos humanos tenemos. Es verdad que hoy distamos mucho de aquel modelo original porque el pecado entró al mundo, pero para Dios Su creación es algo valioso. No puedo decirle al Creador: “hiciste algo que no sirve”. Dios hizo algo bueno.
Por otro lado, tengo que recordar que con Cristo soy hecha NUEVA y estoy COMPLETA. Dice Colosenses 2:10: “De modo que ustedes también están completos mediante la unión con Cristo”. Estamos “completas”, todo lo que Dios quería que yo fuera o tuviera, ya lo tengo, porque estoy completa en Cristo.
¿Por qué no concentrarme en lo que soy y no en lo que no soy… en lo que tengo y no en lo que no tengo? Tengo el sello de Dios, porque fui hecha a Su imagen y soy algo que Él considera bueno. Cuando a veces me pongo a dudar, cuando pienso si realmente tengo lo que se necesita para ser una esposa virtuosa, una mamá que agrade a Dios, alguien que le sirva para Su gloria, tengo que recordar estas palabras: estoy completa en Cristo.
Cuando yo me estaba formando dentro de mi mamá, Dios me vio, tal y como dijo el Salmista, y puso allí lo que Él sabía que sería necesario para ser la persona que Él quiere que sea. Él sabía que yo fallaría, que me equivocaría, pero aun así me hizo completa mediante mi unión con Cristo. ¡Ahí está el secreto! Para ser la esposa, la mamá y la sierva de Dios que dije arriba, tengo que estar unida a Cristo y es en esa unión con Él que podré ser todo lo que Dios quiere que sea.
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar esta verdad? Porque el enemigo sabe que si nos concentramos en lo que nos falta, en lo que no somos, en lo que no tenemos, quitaremos la mirada de Jesús y dejaremos de ser un peligro para él.
Amiga, lectora, hermana en la fe, no pierdas tiempo mirando al espejo de la vida y pensando en lo que no eres o no tienes, y mucho menos te dejes atrapar por la comparación. Brilla hoy para Dios, tú eres algo bueno que Él hizo y en Cristo ya estás completa.
El Creador del universo te diseñó. Vive hoy confiada en esa verdad y verás la diferencia. ¡Esa es la vida que Dios diseñó!