Lo que necesitas saber cuando no te sientes perdonada

Yo he estado ahí, conozco ese lugar sombrío en el que te encuentras. Es como si de repente una oscuridad te invadiera, te sientes terriblemente arrepentida por haberle fallado a Dios y no te atreves a venir delante de Él con tus manos sucias de pecado.

No recuerdas la última vez que oraste… (prefieres estar desconectada) pero lo intentas al cerrar tus ojos al dormir. Lo único que puedes decir es “Padre, perdóname”, pero inmediatamente tu versión pecadora comienza a acusarte y a decirte que no vale la pena porque sabías lo que estabas haciendo.

Finalmente te convences de que tu pecado fue demasiado grande y no puedes continuar, y así se te pasan los días huyendo en tu alma mientras pretendes delante de todos que estás bien. Comienzas a fingir y la carga se hace cada día más pesada.

Llega el domingo y ahí estás sentada en el momento de la adoración, sientes que todos te miran, te pones de pie y comienzas a cantar tratando de callar las acusaciones de tu corazón, pero estas comienzan a gritarte muy fuerte: “¡hipócrita!”.

Te preguntas cómo es posible que te esté pasando esto, en realidad estás arrepentida. Pero no te sientes perdonada, no sabes cómo recibir su misericordia.

Si estás en esa calle sin salida, quiero presentarte el Camino de escape y compartirte verdades que necesitas recordar una y otra vez cuando fallas.

No tienes que ser perfecta

En el fondo, cuando no te das el lujo de volver a Dios después de haber caído, lo que sucede es que no puedes aceptar que tú hayas pecado. Estás demostrando que tu relación con Dios se basa en tu moralismo y en tu propia capacidad de hacer lo correcto. ¡Esto es una trampa! Cuando nos auto-castigamos alejándonos de Dios, sólo estamos intentado auto-redimirnos y “haciéndonos pagar por nuestra maldad”.

Nuestra relación con Dios jamás debe basarse en las cosas buenas o malas que hacemos, mira lo que dice la Biblia:

Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia”, Isaías 64:6a

Es precisamente por eso que nunca íbamos a poder presentar ninguna obra justa delante de Dios, nuestro pecado siempre nos alejaría de Él.

Cristo es el camino de escape

Encontrarás la verdadera libertad de tu moralismo cuando creas que Cristo vivió esa vida perfecta que tú estás tratando de vivir. Ya no tienes que tratar de llenar el estándar porque Él lo hizo por ti. ¡Esta es una verdad liberadora!

Además de liberarnos de “ser perfectas”, Él también recibió el castigo de toda nuestra maldad en la cruz. ¿Leíste bien? De TODA nuestra maldad, tus pecados pasados, presentes y futuros están perdonados en esa cruz que te compró para siempre.

No hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús. (Tomado de Romanos 8:1)

¡Ahora no tienes que castigarte separándote de Dios porque has pecado! Él te ha acercado a través de su Hijo de una vez y para siempre.

Eres eternamente perdonada y aceptada en Cristo, esto es todo lo que necesitas saber, cuando falles (porque vas a volver a fallar) en vez de correr lejos de Dios, corre en dirección a Él.

“Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”, Hebreos 4:16

No hay pecado tan grande que supere la grandeza del perdón de Dios, ¡corre a Él! Arrepiéntete de tu pecado, confiésalo y apártate de él, y en el proceso no te olvides de disfrutar Su gracia.

Por Betsy Torres de Gómez

Loading controls...