Mira profundo dentro de ti

Algo que puede estar impidiéndote recibir ayuda es que no estés mirando dentro de ti. Pues así como un médico examina el cuerpo, síntomas y antecedentes de su paciente, nosotros debemos poner atención a todo nuestro ser para identificar la raíz del mal que nos abruma.

Nadie puede avanzar con una mente perturbada, ni con un corazón afligido. Así que si tú eres de aquellos que se limitan tan sólo a sentir, pero no se detienen a reflexionar las causas y las posibles soluciones de sus problemas, entonces tú mismo estás siendo un obstáculo para recibir ayuda.

La Biblia en diversos pasajes como 2 Corintios 13:5, el Salmo 77:5-6, o Lucas 15:17-24, nos invita a meditar sobre lo que hacemos, sobre nuestra relación con Dios y a no dejarnos llevar por nuestras emociones. El Salmo 4:4 lo ejemplifica perfecto:

“No pequen al dejar que el enojo los controle; reflexionen durante la noche y quédense en silencio.”

Cuántas veces te has preguntado: ¿Cómo llegué aquí? ?¿Cómo pasó esto?¿Qué puedo hacer ahora? ¿Cómo puedo salir de esto y no repetirlo? Es momento de que te detengas a mirar en lo profundo de tu ser y le pidas a Dios tener un corazón abierto y el valor para afrontar las cosas por muy duras que sean.

Necesitas entender que no podrás seguir adelante si no entiendes la causa original de tu dolor. Bien dice un dicho, "no hay peor ciego que el que no quiere ver", y como consecuencia, a menudo desperdiciamos energía y recursos tratando de maximizar nuestro consuelo en lugar de eliminar el problema de raíz.

Recuerda que el dolor es la voz que nos dice que algo está fuera de lugar. Si aquello que te aqueja es un error del pasado, no permitas que este sea un obstáculo para tu progreso. Acércate hoy al mayor consejero, abre tu corazón y medita en su respuesta.

“Yo solía desviarme, hasta que me disciplinaste; pero ahora sigo de cerca tu palabra.” – Salmos 119:67

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