Disfruto mucho viendo programas y fotografías de tiempos pasados. En ocasiones he añorado haber vivido en otras épocas para haber usado cierto tipo de moda o haber conocido a alguna persona de ese entonces. De igual manera he imaginado cuán difícil hubiera sido vivir en las épocas de la dictadura o la revolución en mi país, o en los Estados Unidos durante la depresión de 1930… O quizá en la Europa de la Primera o la Segunda Guerra Mundial.
He aterrizado y vuelto a la realidad para darme cuenta de que gústeme o no, es esta la generación o época en la que me ha tocado vivir. De manera milagrosa Dios ha preservado mi vida en ocasiones anteriores. Pude haber desaparecido de este planeta años atrás, pero… no era eso lo que Dios quiso para mí. Por lo tanto, hasta el día de hoy, a estas horas, estoy puesta para este específico momento en la historia, civilización y generación.
Siglos atrás, una joven de descendencia Judía llamada Hadassah y mejor conocida como Ester, escuchó una frase de labios de su primo Mardoqueo que más o menos apoya el concepto al que me refería en el párrafo anterior: “Si te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y tus parientes morirán. ¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?”, (Ester 4:14).
Esta frase fue un motor impulsador para que la joven pusiera en marcha un plan para librar de la muerte a su propio pueblo. Ester entendió de forma inmediata cuál era su verdadero rol en ese tiempo de su vida. Su valentía y disposición a cumplir el propósito de Dios tuvieron como resultado que hoy -siglos, civilizaciones y generaciones después- aparezca su historia escrita en las Sagradas Escrituras.
¡Tú y yo hemos sido puestas para este tiempo! Tiempos engañosos, cuando el pueblo de Dios perece espiritualmente por “falta de conocimiento”. Tiempo en el que, habiendo sido ya también “herederas de Dios y coherederas con Cristo”, no echamos mano del acceso libre al Trono Celestial que ya tenemos “para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”, (Hebreos 4:16).
Tiempos en el que la familia vive una desintegración por el incumplimiento e inversión de los roles de sus miembros. En donde una mujer es convencida de que tiene el derecho a elegir tener o matar a un hijo. En el que la humanidad entiende que el convivir con una pareja de su mismo sexo ya no es un pecado, sino una “opción familiar”… arrastrando dentro del mismo error a los hijos que ya tienen o que piensan adoptar.
Hemos sido puestas para este tiempo en el que naciones, como los Estados Unidos, han desplazado la Palabra de Verdad de sus escuelas y, por lo tanto, de su educación básica, viviendo una cultura de materialismo y complacencia en donde se confunde libertad con libertinaje. Tiempo en el que naciones de Latinoamérica copian cada vez más esos modelos y en donde otros continentes tienen como guía religiones paganas mezcladas con situaciones políticas, usando un dios como excusa para sacrificar a miles.
Dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”. Sea esto verdad o no, hay una gran realidad: Es en este tiempo y en este ahora en el que Dios nos ha colocado… ¿Qué haremos pues con nuestro tiempo? ¿Cumpliremos con la misión que se nos ha encomendado o viviremos cada segundo añorando aquel que ya no regresará?