Respetando a los hombres en una cultura que se mofa de ellos

Los medios de comunicación están plagados de ataques contra los hombres. Si observas la publicidad, las películas, las series, las revistas o, incluso, los programas “infantiles”, te darás cuenta de cuántas veces los varones son objeto de burlas, humillación y faltas de respeto.

¿Imaginas si en lugar de presentar a los padres de familia como "bufones, apáticos, que solo les interesa el control remoto, los deportes y las bebidas alcohólicas, sosos, flojos e incompetentes" se presentara a las mujeres? ¡El revuelo que causaría semejante generalización!

Si eso sucediera, pronto escucharíamos la respuesta femenina ante tal ofensa y atropello. Atacar a los hombres culturalmente es “válido”, “socialmente aceptable” e incluso “divertido”.

Escuché un programa muy interesante en el que la Doctora Meg Meeker, reconocida autora y pediatra, expresaba que este tipo de contenidos donde el padre de familia se presenta “tipo Homero Simpson” (es decir como una burla), no era algo de tomar a la ligera, ni algo irrelevante o exagerado, pues los niños lo escuchan, lo ven y eso SÍ tiene una influencia negativa en su vida; repercute en su percepción de sí mismos y en su relación con sus padres.

Aunque en la actualidad este tipo de programas abunda y muestra la burla hacia los varones como algo entretenido, inofensivo y "gracioso", como cristianas no debemos ser partícipes de ello. Resulta contradictorio disfrutar estos materiales y al mismo tiempo intentar modelar y enseñar respeto por los varones. Debemos ser congruentes.

Dios nos ha rodeado de hombres a quienes bendecir, admirar, apoyar, animar, por quienes orar. Su desempeño repercute directamente en nuestras vidas, en la de nuestros seres queridos, en la cultura y en la sociedad en general.

¿Has participado en este tipo de “observaciones” o las has escuchado?: "Le falta iniciativa", "no sabe lo que hace", "lo haría mejor una mujer que él", "tenemos que llenar los huecos que ellos dejan", "¿quién los necesita?, “¿estaríamos mejor sin ellos?", entre otras frases semejantes. Cuidemos nuestras palabras. Nosotras tampoco somos perfectas, también somos pecadoras necesitadas de gracia.

¿Cuál versículo prefieres para tu vida respecto a los varones? Ser una ayuda idónea, o serles “gotera continua” (es decir: rencillosa, discutidora, pendenciera). Puedes ser cualquiera de las dos con tus palabras de aliento, ayuda y edificación o con tus críticas, burlas, quejas y palabras despectivas (Génesis 2:18, Proverbios 27:15).

Debido a esas ideas, publicidad y generalizaciones, el diseño divino para el hombre y la mujer se distorsiona y pierde mucha riqueza. Es una lástima que las niñas estén escuchando y aprendiendo esas faltas de respeto y poco valor por los hombres. Y, por otro lado, cuán desmoralizante es para los niños escuchar tan pocas expectativas sobre su sexo.

¿Hay esperanza? ¡Claro que sí! ¿Qué podemos hacer ante esta tendencia cultural? 

Decidir ser una mujer contracultural.

Hacer un compromiso de valorar y respetar a los hombres (Salmo 119:11). Comencemos por hacer un compromiso con Dios en nuestro corazón de no pecar contra ellos. 

Identificar a los hombres a nuestro alrededor y orar por sus vidas (1 Timoteo 2:1). ¿Quiénes son los hombres cercanos a tu vida? Ya sea en tu casa, en tu lugar de trabajo, en la escuela, en la iglesia, tus vecinos, etc., ora continuamente por ellos.

Enfoca tus ojos en todo lo bueno y valioso que tienen (Filipenses 4:8). Enfoquemos nuestra atención y destaquemos sobre ellos: “…todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad”.

Usar las palabras con sabiduría, para afirmar, bendecir y edificarlos (Colosenses 4:6). La mayor influencia que tienes es directamente sobre tu propia familia o alumnos. Decide afirmar verbalmente a los niños y destaca las valiosas características de su diseño con una perspectiva bíblica.

No promover materiales ofensivos contra los hombres (Efesios 5:7-17). Decide no promover material que ridiculice o haga burla del hombre, ya sean memes, videos cómicos, productos o cualquier tipo de material que les denigre.

Ser ejemplo para tus hijas sobre cómo tratar y referirse con respeto a los varones (Salmo 34:13). Comienza por cómo hablas y tratas a su padre y hermanos, y también dándole pautas claras de cómo se conduce una dama. Este será el primer paso para que ella también los valore como tales.

Por Lucy Reyna Orozco Meraz

 

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